El área de estudio fue inicialmente descrita por Braun-Blanquet (1928) como sector "Ibérico" de la provincia "Atlántica" europea. Guinea (1954) hizo la primera descripción botánica del sector "Ibero-Atlántico", que más tarde Rivas-Martínez (2017) integró en las subprovincias "Cántabro-Atlántica" y "Orocantábrica". En IBEROATLANTICA usamos una posterior actualización de Fernández-Prieto et al. (2023) para la Península Ibérica. El área de estudio solapa en gran medida con la Ecorregión de los Bosques Mixtos Cantábricos (Olson et al. 2001) (Olson et al. 2001) en el noroeste de España, el norte de Portugal y el suroeste de Francia, en transición hacia la región mediterránea (Cervellini et al. 2020). El clima es templado, con temperaturas medias anuales de entre 3 y 16 °C y precipitaciones anuales acumuladas de entre 780 y 2600 mm. El clima lluvioso explica la abundancia de los tradicionales graneros elevados construidos en madera o piedra, y sostenidos por pilares, frecuentes en el norte de Portugal (espigueiro), Galicia, Asturias, norte de Castilla y León y Cantabria (cabazo, canastro, hórreo, horru, panera) y el País Vasco (garaia).
La región Ibero-Atlántica ha sido durante mucho tiempo un refugio para los bosques templados caducifolios y los bosques mediterráneos de hoja perenne de la península ibérica, actualmente alberga 11 especies autóctonas de Quercus (González-García et al. 2024) y linajes glaciares supervivientes del castaño europeo (Roces-Díaz et al. 2018). Los bosques de laurel son abundantes en altitudes medias y bajas, mientras que las áreas costeras albergan poblaciones relictas de helechos subtropicales Davallia canariensis y Culcita macrocarpa, destacando los vínculos biogeográficos con Macaronesia (Fernández-Palacios et al. 2011). La región también alberga vestigios de bosques anteriormente muy extendidos, dominados por Pinus sylvestris (en las montañas) y P. pinaster (en la costa), con bosques de Juniperus thurifera que ocupan suelos calcáreos secos en enclaves submediterráneos y continentales.
La mayor parte de los bosques mixtos que en el pasado dominaron la región Ibero-Atlántica han sido progresivamente desplazados por pastizales y praderas, cultivos (manzanos, espelta, centeno, mijo y maíz), brezales y extensas plantaciones de especies autóctonas (p. ej., Pinus pinaster) y especies no autóctonas (p. ej., Pinus radiata, Eucalyptus globulus). La diversidad de los brezales es notable, con 11 especies autóctonas de Erica y la frecuente presencia de la especie (sub)endémica Daboecia cantabrica, a menudo asociada con genisteas como Ulex europaeus o U. minor. El predominio relativo de los brezales conecta la región con otras zonas atlánticas de Europa (Loidi 2018), reflejando una tradición de incendios provocados por el ser humano desde el Holoceno tardío (Van der Horst et al. 2024). La región también alberga una diversidad significativa de vegetación antropogénica (Fernández-Pascual et al. 2025) y se ha convertido en un punto caliente europeo para las plantas invasoras (Lázaro-Lobo et al. 2024).
La región Ibero-Atlántica está rodeada de cordilleras, siendo la mayor la Cordillera Cantábrica, que alberga una flora autóctona de 2338 plantas vasculares (56 endémicas) y se encuentra relativamente libre de especies invasoras (Jiménez-Alfaro et al. 2021). La Cordillera Cantábrica es una de las pocas montañas europeas en las que el límite natural de la vegetación está representado por bosques caducifolios en lugar de coníferas, con bosques dominados por especies endémicas de Betula y Quercus que alcanzan los 1980 m a.s.l. (González Le Barbier et al. 2025). Estas montañas son también un importante refugio para los bosques de hayas (Jiménez-Alfaro et al. 2018), la vegetación alpina (Jiménez-Alfaro et al. 2021) y los ecosistemas de turberas (Jiménez-Alfaro et al. 2023) en el sur de Europa. Tras alcanzar su máximo impacto humano a principios del siglo XX, el éxodo rural en las últimas décadas ha propiciado una renaturalización pasiva como oportunidad para recuperar la biodiversidad y las funciones del ecosistema (García et al. 2023).