Prados mesófilos sometidos a una o varias siegas por año, pacidos a lo sumo por breves periodos de principios de primavera y finales de otoño. Las prácticas tradicionales basadas en gestión de baja intensidad mantienen comunidades con alta diversidad de especies, dominadas por gramíneas y especies herbáceas que, tras segarse y ensilarse, sirven como heno con el que cebar al ganado durante el invierno.
En los territorios septentrionales de clima oceánico y sequía estival moderada o nula, estos prados pueden presentarse en condiciones de orientación y pendiente muy variadas, en terrenos zonales cuya vegetación potencial corresponde a T172, T182, T1Bx o T1E1. En zonas submediterráneas meridionales, sin embargo, sobre todo cuando el relieve las aísla del mar, suelen concentrarse en fondos de valle, y a menudo requieren de canales de riego que, al limitar el efecto de las heladas invernales y el de la sequía durante el verano, contribuyen a mantener unas condiciones apropiadas para las plantas pratenses. Se trata, en todo caso, de comunidades en acusada regresión: muchos terrenos antaño aprovechados como prados de siega, sobre todo en las zonas de montaña, han sido abandonados; en los que aún se explotan, la siega mecánica y el ensilado en plástico, que posibilitan siegas más frecuentes en cualquier momento, sin las limitaciones que imponía la necesidad de abundante mano de obra y de los días secos y largos de verano para curar el heno, se han traducido en comunidades muy empobrecidas, más semejantes a R211, que son incluso resembradas con plantas forrajeras comerciales, cuando no roturadas y abonadas regularmente con fertilizantes artificiales.
Ocurrencias conocidas y área potencial de ocupación del tipo de hábitat en la región de estudio.